Confesiones 5
En el Ámbar
Parte V – La Cresta del Día
(Donde se producen importantes revelaciones sobre la velocidad del aparato)

Me condujo a una de las esquinas de la habitación. En ella destacaba un cuadro con un atardecer intenso. Al acercarme fui viendo como el óleo presentaba pequeños cambios en la configuración de sus nubes. Sin duda era un excelente efecto de luz, excepto que a medida que me acercaba, la único brillo que existía en la habitación parecía salir exclusivamente de aquel marco que yo imaginaba iluminado. Paso a paso, me acerque con cautela hasta ver que mi respiración empañaba un cristal. Al bajar la mirada, observe como rebasábamos en extrema velocidad, cordilleras, mares, castillos, colinas y ciudades. Por encima, las nubes se deformaban dramáticamente hasta deshacerse o cambiar de curso. Lamenté haber pensado los cuerpos de la cama con el movimiento de los continentes. Si había algo que merecía la palabra orgía era esta yuxtaposición de paisajes. El fondo del cielo en cambio, permanecía congelado en la misma tonalidad anaranjada como si la propia atmósfera del planeta fuera sólo una habitación de ámbar mejor provista que la que desmantelamos camino a Berlín. Volví la vista a Miss pero no sabía qué preguntarle. Como siempre, se me adelantó con una respuesta y una copa.
- No me mire así, que usted "sabe" que estamos en movimiento.
Mire el agua de la copa tratando de ordenar mis ideas. Pero sólo requería algo de imprudencia para lanzar una teoría.
- Bueno, pero podrían haber armado esto en tierra?
- En realidad, estamos en la misma posición. ¿Ve que no hay cambios en el cielo?
- Pero igual, nos estamos moviendo. ¿No es así?
- Si.
- Mas o menos a 1500 km por hora.
- Igual que…
- …la rotación del planeta. Nosotros sí nos movemos con el día
- Otra vez
- Para un reloj en funcionamiento nosotros estaríamos viajando durante 4 horas. Pero como vamos a la par con la cresta de luz todavía son las 5:55 am. Y, esto fue lo que descubrimos, lo mismo vale para su cuerpo y para todo lo que esta aquí, ¿O cómo cree que luzco así a mis 87 años de edad...Bueno, esta bien, 94 años
- Entonces lo que ofrecían a sus clientes era
Estaba pensando en voz alta y con poca claridad. Voltee una vez mas a ver el paso fugaz de montañas y reinos. Tenía una pregunta más que hacerle, pero el piso de madera salto contra mi rostro como si fuera el can celoso de una mujer hermosa. Mientras mi vista se nublaba, oí una risita maternal.
Sin tocar su obra, Vera acerca sus manos sobre la alcoba. Los acerca como si quisiera cobrar calor de una chimenea cuya vibración – de esto ya me convencí- ya no depende de sus cuidados para reproducirse. A pesar de ello, todavía encuentro precario el equilibrio de todo el mecanismo. Quizá, como con los cuadros, requerirán por lo menos de un observador para atizar el fuego. En todo caso, tendría que quedarme más tiempo del que dispongo para salir de tales dudas.
